En el artículo anterior hablamos de cómo
se había iniciado la relación del hombre con el perro,
y mencionamos que, a pesar de tener condiciones de vida realmente
difíciles, el hombre prehistórico había aceptado
incluir en su grupo a ese ser vivo que implicaba un consumo más
de alimento, pero aportaba mucho más a cambio: ayudaba a
encontrar el rastro y en la cacería de los animales que servirían
de alimento, cuidaba y alertaba de la presencia de extraños
durante la noche y consumía los desperdicios de las comidas
(lo cual evitaba el que se acercaran depredadores). En fin, los
beneficios han deber sido más que suficientes como para que
se ganara un lugar dentro del grupo.
Al
volverse sedentario, el hombre construyó viviendas que le
hicieran más confortable y segura su estancia en un lugar.
Con él se quedó el perro, el cual seguía aportando
cosas buenas a su vida. Así que, ahora, de lo que podemos
hablar es de la dependencia que nace del perro hacia el hombre.
Según Lorenz, hay dos fuentes distintas para
que se dé esa dependencia: por un lado están las razas
de perros que descienden de los chacales y que denotan un vínculo
del cachorro hacia sus padres. Ello nos daría una manifestación
de infantilismo en estos ejemplares que perciben al hombre como
jefe del grupo, además, debe agregársele el lazo afectivo
que se forma entre los miembros de esa comunidad.
La otra fuente es más marcada en los perros
donde su ascendencia es lupina (es decir, de los lobos). En ellos,
la fuerza y la integración de la manada cobra mucha más
importancia que en las otras razas, y de allí que el perro
de orígenes lupinos pudiera integrarse al grupo de humanos
de forma distinta: viendo al hombre como un compañero.
Al
convivir con ejemplares con distintos orígenes (chacales
o lupinos), el hombre va detectando las diferencias que estos tienen
para su integración, y pudo también empezar a diferenciar
sus características individuales: cuál tenía
mejor vista, cuál podía correr más rápido,
quién era más aguerrido, cuál más resistente,
etc. La clasificación, en general, dependió siempre
de la utilidad y permitió la creación de las diferentes
razas que conocemos hoy en día. Viendo el hombre cuál
le funcionaba mejor para lo que le necesitaba, fue manteniendo esa
característica y reforzándola con cruzas con ejemplares
semejantes.
Aunado a la “selección” que
va realizando el hombre de aquellos ejemplares que le resultaban
más útiles para cubrir sus necesidades, las razas
se modificaron también por su propia adaptación al
medio ambiente. Muchas razas se fueron creando con base en el clima
que predominaba en su entorno. En una zona fría, por ejemplo,
los perros respondían al clima cubriéndose con un
manto de pelo mucho más largo y abundante que el que pudiera
necesitar un ejemplar que viviera en una zona cálida. De
hecho, el tamaño y fortaleza del perro son también
características que se dan en función de su medio
ambiente.
Sin embargo, las razas y sus características
no son lo único en que el hombre basaría su convivencia,
ya establecida la relación entre el hombre y el perro, y
habiendo superado aquellos conceptos en los cuales no se le concedía
la posibilidad de sentir, razonar, recordar y muchas otras capacidades
que ahora tenemos bien identificadas, debemos reconocer que, como
cualquier otro ser vivo, los perros pasan por etapas de desarrollo
que son definitivas en su comportamiento posterior. Identificarlas
y actuar en consecuencia nos dará la oportunidad de ayudarle
a tener un buen desarrollo, a ser un animal más estable,
e incluso a detectar alguna anomalía.
Estas etapas de desarrollo son:
La etapa Neonatal.
También llamada vegetativa, la etapa neonatal abarca la primera
semana de vida del cachorro. Recordemos que al momento de nacer
el perro es ciego y sordo. Su sobre vivencia depende de su olfato
y de la percepción térmica, pues el cachorro debe
mantenerse cerca de su madre y sus hermanos de camada para mantener
la temperatura corporal. Su sistema termorregulador es inmaduro
y si no se mantiene en el grupo, rápidamente perdería
calor y moriría de hipotermia. Su sistema termoregulador
comienza a madurar alrededor de los cuatro días de nacido
y alcanza su desarrollo hacia las dos semanas de vida, que es cuando
veremos que los cachorros ya pueden mantenerse separados del grupo.
También observamos que su tono muscular aún es pobre.
Hacia los diez días de nacido, el cachorro puede soportar
su peso corporal con los miembros anteriores y después lo
hará con los miembros posteriores. En esta etapa observaremos
como la madre estimula con la lengua frecuentemente los genitales
de los perritos. Esto es para que ellos orinen y defequen ya que
no lo harán de manera autónoma.
Etapa de Transición.
La etapa de transición comprende el periodo que va de la
segunda a la tercera semana de vida. Es una etapa muy importante,
ya que los cachorros empezarán a oír y ver. Aunque
aún duermen mucho tiempo, ya son receptores de sonidos e
imágenes. Alrededor de los 21 días se inicia la dentición,
motivo por el cual la madre puede comenzar a no querer permanecer
mucho tiempo al lado de ellos. Muchas madres aún limpian
un poco a los cachorros y no pocas son las que aún se encargan
de “limpiar” el sitio donde se encuentran sus pequeños;
esto tiene su origen en sus antepasados, los cuales limpiaban sus
madrigueras para evitar que llegaran depredadores y mataran a los
cachorros.
Etapa de Socialización.
La etapa de socialización se inicia entre la tercera y cuarta
semana de vida, que es cuando veremos cómo los cachorros
comienzan a jugar entre ellos, como comienzan a relacionarse con
otras especies, para con ello lograr su aceptación futura
(en esto, por supuesto, incluimos al hombre).
Se sabe que si se mantiene a un perrito aislado en esta etapa será
imposible que logre relacionarse en el futuro. Se manifestará
como un perro aislado, independiente e incluso peligroso. En esta
etapa, junto con su comportamiento social se da la impronta (la
cual es irreversible y permanece durante
toda la vida del perro) y es nada más y nada menos que el
apego que tendrá a alguien en particular por el resto de
su vida. Esta etapa abarca hasta las 12 semanas de vida aproximadamente,
así que muy probablemente ya se encuentre en su nueva casa,
disfrutará del juego y puede aprender ya sus “primeras
lecciones” (como donde ir al baño, donde dormir, sus
horarios de comida y su nombre). Hay algo muy importante a este
respecto: NO relacione el nombre del perro con ningún castigo
o enojo, pues si su perro empieza por relacionar su nombre con juegos,
caricias, paseos, etc , no dudará nunca en venir hacia usted.
No obstante, si usted también lo ha llamado por su nombre
para corregirlo o castigarlo, él no querrá venir.
Ordenación Jerárquica.
Entre el tercer y cuarto mes, nuestro cachorro aprende a someterse
al más fuerte. Ya es un perrito que puede enfocar su atención
con más detenimiento, así que podemos “jugar
a obedecer”. Piense que está tratando con un niño,
así que no le podemos exigir demasiado. Aún así,
también es importante que conozca y respete los lineamientos
del grupo.
Ordenación
dentro de la manada.
En el 5to.- 6to mes, nuestro cachorro ya ha aprendido mucho de la
manera en que está estructurada su vida en grupo, pero se
presenta ahora el momento de marcarle nuestro liderazgo. Es un momento
importante en la vida del perro, porque el puede intentar, aún
jugando, desobedecer. Debemos actuar con decisión, aunque
sin olvidar la paciencia.
Etapa
de la Pubertad.
Al finalizar el 6to mes se puede estar iniciando esta etapa, que
tendrá una duración variable según la raza.
Los perros de raza pequeña maduran más rápido
que los de raza grande. La pubertad es una etapa en la que el perro
tratará de rebelarse al líder, y en la que además
se inicia la madurez sexual. Los machos darán muestra de
ello levantando la pata para orinar y empezarán a marcar
su territorio. Las hembras presentarán su primer celo.
Etapa Adulta.
De nuevo varía según las razas, siendo las razas pequeñas
las que primero se conviertan en adultos. En esta etapa, mucho de
lo que el perro ha aprendido quedará como forma de vida,
para bien o para mal. Ya es un perro que se manifestará con
las características propias de su raza y, algo muy importante,
con las de la carga genética que tiene. Así que más
adelante hablaremos de la importancia de adquirir un cachorro conociendo
los antecedentes genéticos.
Pero volviendo al perro adulto, le recuerdo que el perro es un animal
gregario (esto es: de grupo) y que continuamente debemos recordarle
el lugar que ocupa en la organización social que tenemos.
Él va a tratar de ir mejorando en jerarquía; es normal,
lo puede intentar “jugando”, puede desobedecer o ponerse
en franca rebeldía. Nosotros, con cariño pero con
firmeza, debemos manejar esta situación. Recuerde “conceder
es permitir”; él puede intentar desobedecer y si nosotros
lo permitimos (por cariño, por ignorancia, por miedo o por
lo que sea) el mensaje que él recibe es que se hizo lo que
él ordenó.
Etapa de la Vejez.
Obviamente, al ir pasando el tiempo, el perro
envejecerá. Me gusta recordarles esta etapa, porque sigue
siendo un ser vivo al cual también debemos conocer y aceptar.
Quizá con algunas funciones disminuidas, nuestro perro estará
dispuesto a hacer muchas cosas, a repasar lo aprendido, a complacernos.
Al perder o disminuir su capacidad de oír o ver puede haber
modificaciones en su conducta. Problemas articulares pueden hacer
que al tocar su cuerpo reaccione de manera inesperada. Tener un
contacto cercano con su veterinario servirá de mucho, ya
que podemos hacerle muy placentera esa etapa de su vida.
Como ve, hay mucho que hacer desde el momento
en que un perro llega a nuestras vidas, y si lo hacemos con conocimiento,
con bases, lograremos mejores resultados.