Pocas
relaciones que se hayan establecido entre el hombre y otros seres
vivos pueden ser tan benéficas para nosotros como la que
se estableció entre el hombre y el antecesor del que ahora
conocemos como nuestro perro.
Sí, ése que ahora se encuentra feliz con nosotros,
en la misma casa y que se ha adaptado a vivir y disfrutar con lo
que le proporcionamos, tiene un origen milenario (se calcula que
alrededor de entre 12 0 20 mil años) en los lobos y los chacales;
los cuáles, a su vez, descendieron de otro ejemplar llamado
Tomarctus, y que vivió en la faz de la tierra hace aproximadamente
unos 500 000 años. Por cierto, del Tomarcus también
se originan los coyotes, perros salvajes y zorras.
Konrad
Lorenz, conocido estudioso de la Etología (ciencia que estudia
el comportamiento animal), nos da una visión muy interesante
de cómo se dio el inicio de esta unión. Según
Lorenz, es probable que los chacales se fueran acercando a los hombres
primitivos motivados por estos mismos, pues se dieron cuenta que
los chacales usualmente les seguían a una prudente distancia
para consumir las sobras tras su cacería y que precisamente
esa cercanía de los chacales les avisaba de la presencia
de alguna fiera. Al estar rodeado por estos animales, los primitivos
podían estar más seguros e incluso dormir más
tranquilos, ya que si se presentaba algún peligro serían
oportunamente alertados por los chacales.
Con
el paso del tiempo, los chacales dejan de temerle al hombre y modifican
su manera de cazar. Ahora ya no lo hacen de noche, los más
fuertes e inteligentes acompañan de día a los hombres
y en ese trabajo conjunto resalta la posibilidad que tiene el chacal
sobre el humano de olfatear a la presa y seguir el rastro, lo que
facilita en mucho conseguir alimento para el grupo. Agreguemos que,
localizado el animal que servirá de alimento para todos,
los mismos chacales ayudan a cazarlo. Cuando los hombres primitivos
logran dar muerte al animal, le dan las vísceras a los chacales
y estos las toman moviendo su rabo. Quizá, apunta Lorenz,
es ésta la primera muestra de agradecimiento que tiene el
chacal y que nos va llevando a lo que será la aparición
del perro doméstico.
Imaginemos por un momento lo difícil que debe de haber sido
sobrevivir en la época de los primitivos. No se podían
dar el lujo de aceptar una boca más que alimentar si no traía
algo muy bueno a cambio. Sin duda, esto fue lo que pasó con
la llegada de los antecesores de nuestro perro. A partir de entonces,
esta relación crece y se fortalece por la adaptabilidad que
mostraron esos chacales y lobos. El hombre, por su parte, detectó
las diferentes características que mostraban estos animales
y las fueron desarrollando y aprovechando para un fin más
específico. De acuerdo a lo que relata Lorenz, ese pudo haber
sido el inicio de las diferentes razas que conocemos hoy en día.
Pasaría, sin embargo, mucho tiempo antes de que se le concediera
al perro la categoría de ser vivo que tenía la capacidad
de sentir, recordar o aprender algo. Aunque usted no lo crea, mucho
tiempo se le consideró que era prácticamente un objeto,
una máquina biológica. Esto, quizá, reforzado
por las creencias religiosas de la época, pues si se aceptaba
el hecho de que el perro podía sentir, se tendría
que aceptar que tenía alma, y esa, era una propiedad reservada
a los seres humanos. Afortunadamente este pensamiento fue evolucionando,
y si bien aún existen personas que le dan un trato inhumano
a sus perros, muchos otros, por el contrario, han entendido que
estamos frente a un ser que se ha acoplado, que ha aprendido como
hay que ser para poder permanecer en el grupo humano. Si usted se
detiene un momento a pensar, el perro ha hecho mucho para poder
convivir con nosotros, incluso ha aprendido nuestro lenguaje corporal,
nuestras ordenes verbales.
Pero
hay algo más, imagine que podemos reunir 20 perros de diferentes
países, los que usted guste: Francia, Egipto, México,
India, Australia, Brasil, Polonia, Italia. El que sea. Los reunimos
y ¿sabe que va a pasar? … pues que entre todos ellos
¡se van a poder comunicar! No importa de donde vengan tienen
un lenguaje común, cuentan con un lenguaje corporal, con
sonidos, miradas, olores etc. que les permite establecer una relación
entre ellos.
Supongamos que usted, que es mexicano y que únicamente habla
Español, acepta convivir los próximos 10 años
de su vida con una persona de origen extranjero, quizá un
chino, tal vez un croata y que también habla solamente su
idioma. Yo le pregunto: ¿cómo van a comunicarse? Pues
empezarían a buscar señas, gestos, sonidos que les
hicieran más fácil la comunicación; señalarían
un objeto y cada quien lo diría en su idioma para que el
otro lo aprendiera ¿verdad? Después de todo, estar
diez o más años juntos bien valen la pena para hacer
un ajuste en nuestras vidas.
Bueno,
entonces, si invitamos a nuestros perros a vivir con nosotros, ¿no
cree que sería bueno que aprendiéramos un poco a comunicarnos
con ellos y a entender los mensajes que nos envían y que
se están enviando entre ellos? Las ventajas son obvias: al
comprender más a su perro podrá interactuar mucho
más con él, será un líder ecuánime
porque mandará las señales claras y precisas, conocerá
de antemano las etapas de desarrollo por las que puede atravesar
su ejemplar y sabrá que hacer en cada una de ellas, podrá
detectar señales de miedo, angustia o agresividad y podrá
ayudarlo a tratar de superar esos momentos, tendrá oportunidad
de aprovechar las capacidades con que cuenta su perro, etc. etc.
Pues de eso se trata la Etología, como le mencionaba anteriormente,
es el estudio del comportamiento animal y créame, es fascinante.
Lo invito a que juntos descubramos un poco cada vez de ese ser maravilloso
que tiene al lado: su perro.