El
Setter de fondo blanco con extensas manchas rojas a lo largo del
cuerpo, recuerda a sus ancestros Pointers y Spaniels, de quienes
heredó el patrón parti-color que lo distingue de su
compatriota rojo sólido.
Desde sus orígenes, y a través del
tiempo, el Setter Irlandés Blanco y Rojo ha sido el preferido
de los cazadores, no sólo por sus habilidades y conformación
física, sino también por la coloración de su
manto, la cual le permite desenvolverse con mayor facilidad sobre
el paisaje campirano de otoño.
Posee un pelaje liso y sedoso, pero no muy abundante, que se
distribuye
en forma de “flecos” desde la garganta, pecho, vientre,
y hasta la punta de la cola, detrás de los miembros anteriores
y posteriores, así como en la parte externa del pabellón
de las orejas.
Tal vez no sea tan vistoso como los demás
Setters que a partir del siglo XIX comenzaron a ser criados como
perros de exposición, pero fue gracias a su tipo de pelaje
y diseño de color, que esta raza se mantuvo como un excelente
perro de caza, que a pesar de permanecer aislado durante mucho tiempo
en su isla natal, casi al borde de la extinción, ha resurgido
para mostrar al mundo las características originales del
primer “Setting Dog”.