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Historia: Orígenes del Bichon Habanero Los ancestros del Bichon Habanero llegaron a la isla de Cuba junto con las expediciones provenientes de Europa hacia el Nuevo Mundo. El puerto cubano de La Habana fue durante varios siglos un importante centro de intercambio comercial, por lo tanto; productos, gente y costumbres provenientes de distintas partes del mundo contribuyeron al desarrollo económico, social y cultural de la isla; Uno de tantos resultados de esta mezcla, es el actual Bichon Habanero.
El Blanquito de La Habana era considerado como un signo de buen gusto perteneciente a la clase alta, por lo cual también eran conocidos comúnmente como los “perros finos”, que según descripciones del siglo XIX, eran “pequeñas bolas de nieve o de seda blanca, de talla muy pequeña que no pesaban más de dos kilogramos y medio, con un largo pelaje que les cubría sus brillantes ojos negros, y que llegaba hasta el suelo. Una cola en forma de penacho, inclinada sobre la espalda y caída a un lado; de carácter vivo e inteligente, muy fiel a sus dueños”. Mediante la cruza controlada del Caniche con el Blanquito de la Habana, surge una nueva raza que adquiere una mayor cantidad de colores, robustes y tamaño, la cual es el Bichon Habanero. El Bichon Habanero se convierte entonces en el
perro de la aristocracia cubana, hasta comienzos del siglo XX,
cuando es sustituído por otros falderos de origen foráneo
y pasa de raza privilegiada a raza casi olvidada que, no obstante,
se mantuvo siempre viva en la preferencia popular. En 1959, con la Revolución Cubana, las familias adineradas contrarias al nuevo régimen de la isla emigran junto con sus perros hacia los Estados Unidos de América, y durante la década de los 60’s, después del triunfo revolucionario, no vuelven a realizarse en Cuba las exposiciones caninas que organizaban asociaciones como la Confederación Nacional Canina de Cuba, que se celebraban desde la década de 1940. Así, el Bichon Habanero, estuvo en un receso, pues se dejó de criar y exponer, aunque se mantuvo por ser un perro popular que la gente común y corriente tenía en sus casas.
La primera tarea del Club Cubano del Bichón Habanero fue agrupar a todos los perros que tuvieran el tipo correcto, tipificarlos y registrarlos. Con este material genético se comenzó un programa de reproducción selectiva encaminado a la restauración, consolidación y mejoramiento de la raza, todo lo cual se hizo bajo el afijo común "de la Giraldilla", que aparece en todos los pedigrees cubanos de Bichones Habaneros. La segunda tarea fue trabajar por la devolución del patrimonio de la raza, que la FCI había retirado a Cuba en 1989. En 1995 se logró que la FCI reconociera a la nación cubana como "país de desarrollo" de la raza pero para los criadores de la isla esto es aún insuficiente. Ellos están convencidos de que la raza es oriunda del país y, para probarlo, sólo trabajan con perros nacidos en él. Nunca han utilizado en sus líneas otra sangre que no sea estrictamente cubana. La tercera tarea emprendida por el club fue el estudio minucioso de su masa racial canina y la elaboración de un estándar que no podrá entrar en vigor hasta tanto Cuba no recupere el partrimonio del Bichón habanero. la FCI aprobó el primer estándar desde 1963. Aparte del de la FCI, hay otros estándares para la raza Bichón Habanero, como el del Kennel Club Inglés y el del American Kennel Club (muy parecido al cubano). En 1999 a petición de una editorial Inglesa escribe el libro "Bichon Havanese" texto de consulta obligado para cualquier dueño de un ejemplar de esta maravillosa raza de perros.
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