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Historia: Orígenes del Maltés
Hacia el año 6,000 A.C., durante el Periodo Neolítico, los primeros pobladores de Europa Central, pertenecientes a la región de los Lagos Suizos, comenzaron a domesticar a un perro tipo Spitz de manto blanco y talla mediana, con la finalidad de que les fuera útil en la cacería. Miles de años después, hacia el 3,000 A.C. estos perros de la antigüedad acompañaron a los humanos a través de su migración hacia el sur de Europa, estableciéndose con ellos en la región del Mediterráneo, lugar donde permanecieron adaptándose a las condiciones de su nuevo ambiente.
Se cree que estos perros prehistóricos son los mismos que se diseminaron a través de la península Itálica, hasta llegar más al sur, a la isla de Malta, dando lugar a una raza de pequeños perros de color blanco, de pelaje largo, lacio y sedoso, a la cual se le conoce hoy en día con el nombre de “Maltés”. Los Fenicios eran un pueblo dedicado principalmente al comercio y la navegación, quienes utilizaban a estos perros para controlar la plaga de ratas y ratones en sus barcos y almacenes, también, llevándolos como mercancía de intercambio con otros pueblos. Por su pequeña talla, y sus cualidades de “ratonero”, el Maltés fue muy difundido en el Mediterráneo, convirtiéndose en un mimado perro de compañía. Hacia el año 600 A.C. los Egipcios comenzaron a criar al Maltés como miembro de las familias reales, erigiendo estatuas de ellos dentro de las tumbas de los faraones. En 208 A.C. los Romanos convierten a Malta en parte de su Imperio. Tiempo después, la raza comenzó a ser conocida como “El perro de las Damas Romanas”, mascotas que comían y bebían en relucientes tazones de oro junto a sus adinerados dueños. Así, el Maltés llegó a convertirse en símbolo de rango y poder, tanto que en tiempos del apóstol San Pablo, el gobernador romano de la isla de Malta, Publius, inmortalizó a su pequeño perro llamado “Issa” en numerosas poesías y retratos. Durante la Edad Media, el crecimiento de las civilizaciones y las rutas de comercio, llevó al Maltés hacia diversos lugares del continente Europeo, incluso hasta Asia, donde posiblemente contribuyó al desarrollo del Pekinés y el Lhasa Apso al cruzarse con perros tibetanos. A lo largo del Renacimiento, El Maltés fue muy popular en Europa, siendo apreciado por las damas de sociedad, quienes lo llevaban consigo en todo momento, incluso en retratos y a la hora de dormir, razón por la cual se creó el mito de que si se sostenía a un Maltés cerca del cuerpo, éste era capaz de aliviar cualquier dolor. Sin embargo, la realeza no criaba a estos perros de lujo, sino que simplemente los compraban a muy alto precio, principalmente en Italia. Durante este periodo, recibió en Francia el nombre de “Bichon Maltés” , debido a sus características “barbillas”. Así, desde la reina Elizabeth I de Inglaterra, Mary reina de Escocia, la reina Victoria, hasta Maria Antonieta, esta raza jugaba un papel muy importante en su imagen de riqueza y poder político. En el siglo XVIII el Maltés recibió el nombre de “Perro León de Malta”, lo cual describe a la perfección la moda de la época en la cual a este perro también se le hacía un corte al estilo “león”. Su nombre vuelve a cambiar para el siglo XIX, y las personas comienza a llamarlo “Terrier Maltés” o “Gentil Espaniel” debido a la semejanza que tenía con estos dos tipos de perros; Terrier por su predisposición a cazar ratas, y Espaniel por su pelaje largo y sedoso. A lo largo del tiempo muchas fueron las controversias entorno al nombre de esta raza, hasta que finalmente se decidió llamarle simplemente “Maltés”. El Maltés ha ido evolucionando sin desaparecer nunca, por ello se encuentran especimenes desde la aparición de las primeras exposiciones caninas en Inglaterra (1860), por eso es muy probable que este perro haya participado en la creación de algunas razas modernas de perros “toy” o “miniatura”, pudiendo ser uno de los ancestros del Yorkshire Terrier, del Pekinés y del Lhasa Apso. |
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