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Creo que todos, cuando decidimos tener un perro, creamos alrededor de este hecho, expectativas y pensamos que será el más listo, el más obediente, el más grande, el más bonito; en una palabra, el mejor. Para muchos, ese sueño puede volverse realidad y tener por delante muchos años de una convivencia plena al lado de su mejor amigo. Pero para otros, esa esperanza se ve disminuida porque su perro no fue todo lo que ellos querían. La mayoría de las veces, en lo que los dueños se sienten que las cosas no salieron como deseaban es el en trato diario; concretamente: en que su perro los obedezca.

Ya sea que el perro haya llegado a casa siendo un cachorro o ya un adulto, lo cierto es que no es todo lo obediente que sus propietarios quisieran. Pero ¿Qué pasó? ¿En donde estuvo el problema o el error? Más se cuestionan cuando resulta que el perro, a algún miembro de la familia sí lo obedece mientras que a los demás no se toma la molestia de hacerlo…¿Por qué?

Recordemos que el perro es un animal gregario (esto es, de grupo), vive en manada y, para su perro, la familia con la que vive será “su manada”. En este grupo, debe de haber, forzosamente, una organización social, una jerarquización. Desde luego, los perros no saben de democracia, con ellos no funciona eso de que aquí todos somos iguales, porque para ellos debe haber un líder seguido por los demás miembros de la familia. El perro debe ocupar el sitio que ustedes le hayan designado y es con el trato diario que le recordamos continuamente cuál es el lugar que ocupa. Pues bien, puede ser que el origen de la desobediencia de su perro esté en este punto: no le han marcado cual es su sitio y ninguno de los que conforman la familia se ha manifestado como líder; entonces, el perro, al no sentir que tenga que obedecer a nadie, se proclama jefe y hace lo que quiere (puede ser también que sólo un miembro de la familia establece una jerarquía sobre la mascota y los demás se desesperan porque a ellos no les hace caso).

Otra causa frecuente de que el perro no obedezca es que no le han hablado “correctamente”, ¿qué quiero decir con esto? Nuestro perro tiene la capacidad necesaria para aprender un buen número de palabras pero muchas veces los que nos equivocamos somos nosotros porque le pedimos que haga algo dándole las instrucciones con muchos comandos ( por ejemplo: Si queremos que se siente, y le decimos :¡ hey, tu!¡ Max, ¡ siéntate !,¡ No, Max, quieto, abajo!,¡Max, quieto!. En este ejemplo tenemos cinco órdenes dadas en menos de 15 segundos ¿Cuál debe hacer su perro? Los comandos u órdenes que le demos al perro deben ser claros: un nombre para cada cosa. Asocie el nombre del perro para cosas agradables (comer, jugar, pasear, etc.) y utilice la palabra ¡NO! para corregir pero no la use junto con el nombre del perro. Y una cosa más, enséñele poco a poco, no quiera que el perro aprenda varias órdenes al mismo tiempo, porque con eso solo logrará confundirlo.

Hay más de una forma de comunicarnos con nuestro perro. Ya hablamos de las órdenes orales, hablar con nuestro perro, darle una palabra para cada cosa tiene mucho sentido. Pero también podemos apoyarnos en el lenguaje corporal. Su mascota es experta en esto, desde pequeño se inicia en la interpretación de los movimientos corporales, así que ahí tenemos una forma más para comunicarnos.

 

Entre nosotros mismos usamos el lenguaje corporal. Cuando algo que nos están platicando nos interesa, inconscientemente, nos hacemos hacia delante; al contrario de cuando algo no nos importa o nos molesta, nos hacemos hacia atrás o cruzamos los brazos al frente, poniendo una barrera entre nuestro interlocutor y nosotros. Cuando las personas mienten, esquivan la mirada de la otra persona, etc., son mensajes corporales que se presentan, muchas veces, de manera natural. Bueno pues también con nuestro perro podemos hacer uso de tan valioso recurso. Por ejemplo: cuando le dé una orden a su perro, mírelo a los ojos, además de dar una orden estará enviando una señal de jerarquía. Si quiere enseñarlo a que no brinque sobre usted cuando lo ve venir, además de utilizar la orden de ¡No, abajo!, rechácelo girando el cuerpo, no haga contacto visual con él, de esta manera él entenderá que no va a ser correspondida esa forma tan “eufórica” que tiene de recibirlo. Una más, cuando le damos al perro una orden con la voz (por ejemplo: sentado, abajo, quieto, etc.) podemos ir asociando cada orden con una seña específica, de manera que su mascota aprenderá a trabajar con señas o con voz. Hacerlo así tiene sus ventajas, estamos trabajando más capacidades de nuestro perro y le estamos acostumbrando a estar más pendiente de nosotros, ya que con las órdenes habladas, si el perro está distraído, sólo al oír el comando centrará la atención; mientras que en las órdenes con señas, el perro debe estar pendiente de los movimientos que hagamos.

 

 

Para finalizar, hay algo en lo que quiero hacer énfasis: Cuando hable con su perro, hágalo con convicción. Usted imagine, cuando vemos, por ejemplo, una obra de teatro, o una película, puede ser que el protagonista sea el actor o la actriz de moda, pero si no son buenos actuando, por muy gratos que sean a la vista, saldremos decepcionados porque no nos convencieron. En la vida real pasa igual. Puede ser que a usted le digan algo importante, pero se lo dicen de una forma plana, sin emociones. ¿Verdad que no es lo mismo? ¿No le ha pasado que en su cumpleaños, por ejemplo, lo felicita alguien de tan mala gana que mejor no le hubieran dicho nada, o que, por el contrario, alguien llegó y lo felicitó tan calurosamente, tan efusivamente que lo hizo sentir muy especial?. Bueno, pues esa es la idea. Module la voz para hablar con su perro: tonos graves para dar órdenes o para corregir; tonos agudos para felicitar, relajar a su perro. Usted, a través de su voz, le puede hacer sentir a su mascota si está contento, triste, enojado. Recuerde que su perro, lo que más desea en esta vida es agradarle a usted, déle las ordenes como tales, con el énfasis necesario para que su perro sepa que tiene que obedecer y, cuando lo felicite, hágalo con el gusto, con el cariño, con el entusiasmo necesario para que su perro entienda que acaba de hacer algo que a usted le gusto mucho.

Recuerde que las caricias son premios y los premios se ganan. Su perro estará feliz de recibir una caricia porque se la ha ganado por haber obedecido, y si lo reforzamos poniendo emoción en nuestra palabras, verá como aumenta aún más el entusiasmo de nuestro perro. ¿Lo quiere ver entrenar con alegría? ¡Háblele con gusto, con energía! Apoye los comandos con un tono que vaya de acuerdo a lo que queremos. Le aseguro que su perro entiende mucho más de lo que usted se imagina.

Usted decidió adquirir como mascota a un ser vivo, que piensa, quiere, siente y aprende. Sea un buen maestro para su ejemplar, sea consistente, justo, claro, entusiasta, disfrute lo que hagan juntos. Piense que él le ha entregado la vida entera desde el momento mismo en que decidió llevarlo con usted a casa.¿no cree que se merece el que tratemos de entendernos mutuamente?...él lo hace todo el tiempo…¿y usted?.

 

Continuará.......

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Muy interesante

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